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Exposiciones. |
El Río bajo el Río, Consejo Nacional de las Artes Plásticas, Junio - Julio 2001.
C. Blanco de la Cruz. Tras el ojo de agua. Catálogo.
Las mujeres han sido figuras recurrentes en la obra de
Aziyadé Ruíz desde sus inicios como artista. Recurrencia que ha gozado hasta el
presente de un indetenible proceso de metamorfosis hasta llegar a su más
reciente serie Mujeres sin cuerpo. Este momento revela la magnitud de un grito
que derriba múltiples silencios (personales, colectivos), al configurarse cada
una de las piezas como actos de liberación de los espíritus que sostienen su
patrimonio identitario para conformar a partir de ahí los múltiples tapices de
su sentido humanista de la existencia.
Aziyadé se ha convertido en relatora y arqueóloga de las fuerzas de una tradición familiar, perfiladas por lo femenino. Ha puesto los ojos en esa parte de la infancia - que muchas veces perdemos sin darnos cuenta -restituyendo los detalles psicológicos (casi arquetípicos) de mujeres que, apegadas a la tradición - no siempre por propia voluntad - han sido desmembradas por la historia, los prejuicios, los diferentes estamentos del poder y también por las circunstancias, sin que perdieran en la consecución de lo que pudiera considerarse su ¨destino¨, los atributos necesarios, incluso imprescindibles, para una sostenida resistencia.
Con ellas resume, no sólo los incidentes e impresiones relativas a su ámbito personal o autobiográfico, sino que se extiende hacia numerosos relatos colectivos generalmente sepultados. Ambos elementos se yuxtaponen en cada uno de estos pretendidos retratos que tienen sus asideros, no en el referente físico, sino en una sintonía mucho mayor que devela otros perfiles tipificadores, sacando a la luz algo que precisa del tiempo para descubrirse: el carácter de sus personajes, sus personalidades. Restituye el lugar que verdaderamente le ocupan, trascendiendo incluso la unicidad de cada una de las piezas, para convertirlas en narración interminable, en los retablos de su intimidad.
Sus espíritus ancestrales se regeneran. Se traen al presente aquellos instantes de asombro, ternura, dolor, admiración - sentimientos y emociones varias - que inspiraron la observancia de una sobre vivencia muchas veces desvastadora tras cada encontronazo con los muros, los límites; entre cada desplome o resurrección.
A estas mujeres se les ha privado del cuerpo, despojándolas del atributo que las convierte en objetos del deseo, que las cosifica, precisamente para ensalzar ese receptáculo -casi ánfora- que es su cabeza, lugar que oculta a la mirada fisgona su mayor y elevada condición; la humana, transgrediendo los discriminatorios subterfugios de orden genérico. Allí atesoran ellas su fuerza, su intuición, su inteligencia; el último resquicio de la postura salvaje de sus almas resistiendo la brutalidad de todos los instrumentos que insisten en domesticarlas bajo el dulce nombre de lo que algunos cínicamente aducen como el peso de su ¨condición¨.
Cada mujer es una y muchas a la vez, repitiendo en un nuevo
contexto lo sucedido una y mil veces a lo largo de la historia, del tiempo. Los
¨perfiles¨, sin dudas, sólo de carácter psicológico, se prestan al contraste de
espacios cercanos y distantes, se vuelven fábulas imperecederas, construidas en
la alabanza, la compasión, el amor, la complicidad.
Esa bruma que Aziyadé consigue con desenfado técnico e impostura ante los convencionalismos encasilladotes, nos está hablando de asfixias, resurrecciones, sacrificios, obsesiones, y además de éxtasis, conquistas y alegrías. El viaje que ha emprendido hacia la permanencia de su anecdotario - más que a sus recuerdos - conserva el mismo enigma de las flores primeras dibujadas en su infancia, configuradas cual prístinas estrellas místicas, premonitoras, como ese traje etéreo que no viste cuerpos, sino que es veladura; trasparentando la ¨vaciedad¨ y fugacidad de ese objeto carnal hacia donde siempre se mira: midiendo, juzgando.
Reconstruye también así la artista, los pretendidos estereotipos de belleza, responsables de que se haya perdido - muchas veces irremediablemente - el don de ver, descubrir y hallar, lo verdaderamente trascendente, el ojo de agua de donde nace el Río bajo el cual corren secretamente, otros ríos.
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ALGUNAS OBRAS EXPUESTAS |
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